domingo, 20 de marzo de 2016

Arbol sin vida




Es una semilla que aparece cobijada por la humedad y la calidez, no quiere nacer pero la evolución la hace emerger al exterior, a respirar ese aire de tan variados temperamentos, a veces tan sincero y amable y otras tan cruel y frío, salen mas hilos de este frágil y delgado tronco que como dedos de la mano intentan moverse, buscando independizarse y tocar el cielo, cada uno busca tocar una estrella diferente y entre ellos chocan sin palpar nada nuevo, ninguna de esas chispas en el firmamento, nada sorprendente. 
Cada cambio de hojas, cada caída de pelo es un avance doloroso, un ciclo que trae nueva ropa pero no es suficiente porque aun no alcanza su deseo. No así no se puede, el tronco se ha hecho mas grueso y ha ganado altura, es frondoso, su follaje verde intenso hipnotiza a los pájaros que danzan en sus ramas y los insectos forjan sobre él un hogar junto a sus familias, pero se huele su ceño fruncido, su cólera por no tener lo que anhela, tan patéticamente molesto por un simple antojo, vive inmerso en un sentimiento humano seguramente contagiado por ellos, que bajo él hablaban de todas esas necesidades banales y esas competencias absurdas, un veneno inquietante fue echado en sus raíces, ¡que la natural belleza lo salve!, que sus ojos se enamoren de otra, porque sufre y se va la vida sin vivirla y no hay peor vida que vivirla muerta.


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